Todav�a ten�a la suerte de seguir casado. Ella era
hermos�sima, rubia, alta con el pelo recogido detr�s, piernas largas e
interminables, y un comportamiento muy femenino. La hab�a conocido tiempo atr�s,
yo era un m�dico joven y en uno de mis viajes a congresos me hosped� en un hotel
en d�nde ella era camarera, se llamaba Marina. La boda fue rel�mpago y desde el
comienzo ella se convirti� en mi sirvienta particular, es decir en Ama de casa.
Despu�s de que ella descubriese una de mis infidelidades, se
propuso acabar con lo nuestro, y yo le implore que no lo hiciera. Hasta tal
punto lo vi irreversible que ca� de rodillas a sus pies y le supliqu� que no me
dejase, puesto que yo estaba muy enamorado de ella.
Ella comenz� a hablar: "Creo que lo nuestro s�lo tiene futuro
si cambias de mentalidad. Le� en un revista que existen nuevos matrimonios
basados en el ultrafeminismo, y despu�s de c�mo te has portado, creo que es la
�nica soluci�n. �Aceptas ser educado en el ultrafeminismo?
Yo arrodillado vacile un instante, pero desde esta posici�n
la encontraba tan imponente que hubiera hecho cualquier cosa por ella, de tal
manera que acept�.
"Bien quiero ver como me agradeces la oportunidad y la
aprovechas, ma�ana iremos a la escuela"
La escuela estaba en un edificio a las afueras de la ciudad.
Ten�a aspecto colonial, y unos grandes jardines. En la entrada hab�an dos
mujeres con ropa de montar y aspecto autoritario, nos hicieron pasar a una
estancia en donde hab�a un trono y una bella mujer que era la directora de la
escuela, su nombre era Ama Patricia, comenz� a hablar:
"Bien creo que sois pareja y ambos libremente hab�is aceptado
un hogar ultrafeminista, pues os voy a describir las normas: Un hogar
ultrafeminista es aquel en el que la mujer es la jefa, patrona, Ama... y el
hombre es el empleado, vasallo, sumiso o como lo quer�is llamar. Tenemos
experiencia de algunos a�os en la implantaci�n de estos hogares y hemos salvado
parejas en proceso de ruptura, como espero que os suceda, todo se basa en la
confianza en vuestras Amas por parte de los hombres, y la aceptaci�n de las
siguientes normas":
Las mujeres en general y la vuestra en particular son
seres superiores, y deb�is mostrar vuestra devoci�n y adoraci�n, y por
supuesto subyugaci�n a vuestra mujer. Pensad que est�is en este mundo para
servirlas.
Ella es quien dirige la familia y quien dispone del
dinero y contribuye con los ingresos principales. Vuestra labor es el hogar
y atenderla a ella, y en el caso de que trabajaras deber�as desempe�ar
labores inferiores a las de ella.
Los hogares ultrafeministas no tienen hijos, pero en este
caso, ser�a labor del hombre su cuidado. Adem�s deber�n servir a sus hijas
desde temprana edad y los hijos deber�n ser educados en el servicio a sus
hermanas y a su madre.
Las mujeres tendr�n tantas relaciones como gusten, tanto
con hombres como con otras mujeres, con el conocimiento y consentimiento del
marido. Los maridos por el contrario ser�n educados en la castidad sexual y
s�lo tendr�n relaciones con su mujer cuando ella lo autorice. As� mismo la
mujer tendr� derecho a poner un aparato de castidad en el hombre y asegurar
la llave para perseverar la virginidad del hombre.
Servir�is a otras mujeres como Amas, siempre tras la
orden o autorizaci�n de vuestra mujer, que podr� alquilaros o subastaros por
temporadas para el servicio de otras mujeres.
Dispondr�is de vuestro cuerpo como le guste a vuestra
mujer, lo vestir�is conforme a sus indicaciones y llevareis las se�as de
sumisi�n que ella decida:
Cinturones de castidad, collares de perro con el nombre
de ella, mu�equeras, ropas �ntimas suyas etc. Incluso algunos maridos llevan
el nombre de su mujer al rojo vivo en su piel, esto ayuda a recordar a quien
pertenecen.
En privado la posici�n de referencia delante de vuestra
mujer ser� de rodillas mirando al suelo o sus pies, ante su indicaci�n
deber�is lamer sus zaparos o sus pies. Servir�is a otras mujeres del mismo
modo ante la indicaci�n de vuestra mujer. Del mismo modo deber�is servirla
en p�blico si ella as� lo manifiesta, sin que os pod�is negar.
No hablar si ella no pregunta. Para hablar hacerlo
mirando a sus pies, respondiendo siempre la palabra "Ama".
Pedir permiso a la mujer para todo: Permiso ara comer,
para beber, para ir al servicio, para abandonar la habitaci�n etc. Ante su
negativa, abstenerse de realizarlo.
La mujer impondr� el r�gimen de castigos a su marido,
seg�n su voluntad, sin que el pueda resistirse, con un l�mite: la integridad
f�sica y la vida humana (no nos gusta el maltrato animal). As� mismo lo
maltratar� verbalmente en p�blico o privado.
"Estos son los 10 mandamientos del hogar feminista, si
est�is de acuerdo firmar el contrato, y adentraros en la escuela, en donde os
ayudaremos a desarrollarlos".
"Se�ora disculpe, pero aqu� no hay sitio para firmar"
"Esclavo est�pido, todos son iguales de in�tiles, por eso
para lo �nico que sirven es para estar a nuestro servicio, no entienden ni 10
sencillas normas. Mira est�pido acabas de violar la norma 8, por lo que tu
mujer te deber� castigar.
Por tu bien espero que aprendas r�pido a ser un esclavo
sumisito a los pies de tu mujer, porque bastante suerte tienes de que no te
haya dejado. Si no puedes ser su marido por lo menos podr�s ser su esclavo"
"Solo ella debe firmar seg�n dispone el punto 2, tu esclavo
s�lo debes adoptar la posici�n del punto 7 �has comprendido?"
"Si Ama", respond�, y me puse de rodillas ante esas dos
bellas mujeres. Me sent�a humillado, pero con una gran curiosidad por este
giro inesperado que daba mi vida.
Para mi sorpresa mi mujer, mi inocente mujer, que tanto
respeto me hab�a tenido hasta ahora dijo:
"Bien mi esclavito, quiero ver como nos agradeces la
oportunidad que te he dado y nos lames los pies"
Desde aquel momento mi matrimonio empezaba a cambiar,
pensaba, mientras saboreaba los pies de aquellas mujeres...
Continuar�
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO,
autor de los relatos: "Dec�logo de Dominaci�n Femenina I", "Dominado por una
mexicana I" y "Aprendiendo Ingles". Pr�ximamente: "Sin Voluntad (continuaci�n
de dominado por una mexicana) como homenaje a la Diosa argentina Marina, a
cuyos pies se pueden inspirar muchos de estos relatos.