Despu�s de cuatro meses de inactividad, recobro mi contacto
con vosotros, mis queridos lectores. Gracias a todas y todos los que hab�is
valorado mis relatos, alguno de los cuales a�n se mantiene en el "top 100",
meses despu�s de su publicaci�n. Gracias tambi�n a todas y todos los que me
hab�is dejado vuestros comentarios. Y mi agradecimiento m�s especial a quienes
me hab�is escrito. De veras, me hab�is hecho sentir muy bien con vuestras
palabras, y no podr� pagaros nunca por ellas, salvo con este humilde fruto de mi
imaginaci�n. Espero que os agrade.
- Pero� �Alex!. �Qu� sorpresa!. Pasa, pasa.
Cargu� mi enorme bolsa de viaje hasta el sal�n de la casona
de gruesas paredes de piedra, seguido por mi hermana Sandra.
- �C�mo es que no me has avisado de tu llegada? -su rostro se
volvi� un s� es no es p�caro-. Imagina que me hubieras encontrado en buena
compa��a�
A Sandra se le forman dos hoyuelos en las mejillas cuando
sonr�e. Me abraz� y deposit� dos besos en mis mejillas. Mis labios se posaron en
uno de aquellos hoyuelos, pero cuando bes� su otra mejilla, el otro hab�a
desaparecido. Con las manos sobre mis hombros, se apart� para mirarme:
- Te encuentro muy bien. Has adelgazado un poco, pero por lo
dem�s, est�s estupendo�
Sandra s� que estaba estupenda. Hac�a dos a�os que no nos
ve�amos, y parec�a m�s madura, m�s mujer� Su rostro hab�a abandonado
definitivamente los rasgos de la primera juventud, y ahora mostraba una belleza
serena y adulta. Incluso las casi invisibles arruguitas que se estaban formando
en las comisuras de su boca, -que no ten�a la �ltima vez que la vi, o en las que
no me hab�a fijado- se me antojaban terriblemente seductoras. Era dif�cil
entender por qu�, con aquella cara y aquel cuerpo, segu�a a�n sin pareja. �O
quiz�?...
- �Hay alguien en tu vida? -pregunt�-.
Ella me mir�, y su semisonrisa ten�a un punto de tristeza:
- No. El final de mi relaci�n con Marcos fue muy doloroso. Me
hizo demasiado da�o, como para que quiera volver de nuevo a poner mi vida en
manos de nadie�
Sacudi� la cabeza, como queriendo alejar de su mente
recuerdos desagradables:
- �Y t�?. Me dijiste que te hab�as separado de Lena, pero no
me diste ning�n detalle. �Quieres hablar de ello?.
Me sorprend� a mi mismo cont�ndole los s�rdidos pormenores.
Le abr� mi coraz�n por completo, sin ocultarle para nada que cuando supe de su
infidelidad, estaba dispuesto a perdonarla creyendo que solo ser�a un capricho,
que finalmente volver�a a m� Hasta que, cuando se lo reproch�, ella se ri� en
mis barbas, y me dijo que no le bastaba con un solo hombre, que pronto se
acabar�a su historia con �l porque ya se hab�a cansado, pero que despu�s habr�a
otro, y otro� todos los que se le antojaran. Hice en silencio las maletas, y me
march� de la que hab�a sido nuestra casa, sin una palabra, sin volver la vista
atr�s ni una sola vez.
- Aquello fue hace solo seis meses, pero me parece que ya ha
transcurrido un siglo -conclu�-.
Sandra me miraba con los ojos ligeramente h�medos:
- �No has sabido nada m�s de ella?.
- No s� como pudo conseguir el n�mero de mi nueva casa,
porque no viene en la gu�a, pero hace cosa de un mes comenz� a llamarme. Yo me
limitaba en cada ocasi�n a colgar cuando reconoc�a su voz, y finalmente cesaron
las llamadas. No s� con qui�n anda, ni qu� es de su vida.
La mir� de frente a los ojos:
- Pero, �bueno!. �Ya est� bien de hablar de mis problemas!.
�C�mo te va en este pueblucho de mala muerte?.
- No es un pueblucho, como t� dices. Tiene m�s de 12.000
habitantes, y la cl�nica es nuevecita, la inauguraron solo un par de meses antes
de que yo consiguiera la plaza de m�dico en ella. Trabajo mucho, ya sabes que
tenemos muchas m�s cartillas de las que deber�amos, pero al menos aqu� conozco a
las personas por su nombre, y la mayor parte de las veces no preciso para nada
mirar la historia de un paciente para saber sus antecedentes, sobre todo los m�s
mayores, que veo muy frecuentemente.
- La parte mala, -continu�-, es que en la ciudad no me
enteraba siquiera de cuando fallec�a alguien, y aqu� s�. Resumiendo, consultorio
de 8 a 14, y por la tarde hago las visitas no urgentes. Leo mucho, paseo por el
campo y, en general, no puedo decir que sea completamente feliz, pero al menos
vivo en paz conmigo misma.
Su mirada dej� de ser enso�adora, y a sus ojos volvieron las
chispitas luminosas que yo recordaba:
- Bueno, pero dime: �C�mo es que te has decidido a venir?.
�ltimamente, no sab�a nada de ti, salvo cuando te llamaba por tel�fono. Me
ten�as muy abandonada, para ser tu �nica pariente cercana�
Lo pens� unos instantes. Realmente, hab�a sido un impulso.
Simplemente, me encontr� con un vac�o mes de vacaciones por delante, para el que
no ten�a ning�n plan, y de repente, la imagen de Sandra vino a mi mente. Sin
pensarlo siquiera, met� algo de ropa en una bolsa, tom� el auto, y� all� estaba.
- Pues me pillas por dos d�as -replic� Sandra-, s�lo porque
mi sustituto para las vacaciones estuvo indispuesto, y ello me ha obligado a
retrasar mi salida.
- �Te ibas fuera? -pregunt�-.
- S�, tengo una reserva en un hotel muy tranquilo de Levante,
que conozco de otras veces.
- �Sola?.
- S�, ya sabes: largas caminatas por la playa antes de que se
llene de gente, siesta despu�s de la comida�
Se le ilumin� el rostro de repente:
- Oye, �por qu� no te vienes conmigo?. Mira, paso tanto
tiempo sin compa��a, que a veces me he sorprendido hablando en voz alta, y al
menos tendr�a qui�n me diera conversaci�n. Y t� y yo tenemos mucho de qu�
hablar, que hemos de ponernos al corriente de nuestras vidas�
Lo pens� unos instantes. Pocos. Solo que tendr�amos que ir
antes a mi casa, a recoger algo m�s de equipaje.
Despu�s de cenar "huevos cogidos el mismo d�a por la se�ora
Custodia, de su corral" -me explic� Sandra- y una ensalada, cuyos productos
imagin� tambi�n procedentes de la huerta de alguien del pueblo, nos sentamos
frente a frente en dos butacas. Sandra hab�a abierto en mi honor una botella de
vino blanco que guardaba en el frigor�fico, y ten�amos entre nosotros las dos
�ltimas copas. Ella ten�a la vista perdida, que repentinamente enfoc� en m�:
- �C�mo es posible que nos hayamos distanciado tanto?.
�Recuerdas que cuando �ramos m�s j�venes ninguno de los dos ten�a secretos para
el otro, que compart�amos hasta las cosas m�s �ntimas?. Y ahora, llev�bamos m�s
de dos a�os sin vernos�
Era cierto, pero yo no pod�a tampoco explicarlo. La vida, el
hecho de que ella se casara muy joven con aquel� a pesar de que a m� nunca me
cay� bien, y eso dio lugar a la primera discusi�n seria de nuestra vida de
adultos. Los recuerdos se agolparon en tropel en mi mente.
Eran m�s de las tres de la madrugada. Aquel fin de semana no
hab�a hecho planes de salir, y adem�s los ex�menes finales estaban cerca, de
modo que me hab�a quedado en casa estudiando. Me despert� algo despu�s de la
una, con la cabeza apoyada en un libro de texto, y decid� acostarme, qued�ndome
dormido de nuevo instant�neamente; pero algo me hab�a sacado de mi profundo
sue�o: Sandra sacud�a suavemente mi hombro. Me despej� al momento. Algo le
pasaba. No hab�a m�s que ver su llanto silencioso, aunque su rostro no expresaba
sufrimiento.
- �Qu� tienes, Sandra?.
- Soy maravillosamente feliz�
Las l�grimas corrieron a raudales por sus mejillas. Las sequ�
con el borde de la s�bana que me cubr�a.
- �Eres feliz, y lloras?.
Sandra se tendi� en la cama a mi lado, boca arriba:
- Alex, nunca nos hemos ocultado nada, y esto tengo que
compartirlo con alguien, porque estoy desbordada. Luis me ha hecho mujer esta
noche, y ha sido la experiencia m�s maravillosa de mi vida.
Se volvi� ligeramente, y se abraz� a mi cuerpo. Sent� sus
firmes senos j�venes apoyados sobre mi pecho, y me embargaron un sin fin de
sentimientos. Ternura, acompa�ada de una extra�a punzada de celos, y otra cosa�
me estaba excitando sin poder evitarlo. Le acarici� suavemente la frente. Y ella
se qued� dormida en mis brazos.
- �Alex? -Sandra sacud�a una mano ante mis ojos-. Est�s muy
lejos de aqu�
- Estaba recordando detalles de nuestra vida en casa de pap�
y mam� -respond�, a�n sonriendo interiormente por el recuerdo-.
- Y, �qu� recordabas concretamente? -pregunt� ella-. Por tu
expresi�n, algo agradable�
- �Sabes? -respond�-. Uno de los mejores recuerdos fue el de
la noche en que me despertaste para decirme que hab�as conocido tu "primera
vez".
Sandra enrojeci� ligeramente.
- A la ma�ana siguiente no pod�a siquiera mirarte a la cara
-record�-. Me despert� a las ocho, afortunadamente, porque imagina si mam� nos
hubiera encontrado all� juntos�
Titube� unos instantes:
- Te hab�as destapado durante la noche, y estabas� bueno,
completamente desnudo. Y yo� Dej�moslo, por favor -hab�a enrojecido a�n m�s-.
- Bueno, no fue la primera vez que estuve desnudo contigo en
la cama.
Sonre� con el recuerdo, que hab�a estado profundamente
enterrado en mi mente hasta entonces:
No puedo precisar exactamente cuando fue, pero Sandra deb�a
tener como seis a�os, y yo no m�s de ocho. Nuestros padres nos obligaban a
dormir un rato de siesta despu�s de comer, cosa que ambos odi�bamos
profundamente.
Era verano, y hac�a un terrible calor. Sandra y yo and�bamos
por casa medio desnudos, ella solo con sus braguitas infantiles con florecitas,
y yo con uno de mis peque�os slip, y as� nos hab�amos acostado. O nos hab�an
acostado, porque mi madre nos condujo a la cama por la fuerza, y nos dijo que no
quer�a o�r ni una mosca durante la pr�xima hora.
Mi slip ten�a el el�stico muy flojo, y en alg�n momento se me
debi� bajar. No recuerdo c�mo ni en qu� instante, pero s� que un rato despu�s
ten�a mis genitales arrimados a uno de los muslitos de Sandra.
- �Qu� es esto? -pregunt� poco despu�s con extra�eza, bajando
la mano hasta ponerla en mi peque�o pene-.
- �Ah!, es tu "cola" -dijo con cara de suficiencia-.
Por aqu�l entonces, nos ba��bamos juntos -"para ahorrar agua,
que no est�n los tiempos para tirar nada" seg�n dec�a nuestra madre-, de modo
que nuestros cuerpos no ten�an apenas secretos para el otro. Pero sucedi� algo
que no hab�a experimentado antes: mi "colita" se puso ligeramente tiesa, y la
agradable sensaci�n del contacto con el cuerpecito de mi hermana se increment�.
Yo no entend�a todav�a el porqu�, pero lo cierto es que sent�a el impulso de
apretarme a�n m�s contra ella.
- �Uffff, quita! -Sandra me empuj� ligeramente-. Me das
calor. �Por qu� te arrimas tanto a m�, cabeza hueca?.
- No s� -respond�-. Es solo que me da gusto estar as�.
Ella me ech� una de aquellas miradas con el ce�o fruncido que
ven�an a significar "est�pidas cosas de chicos".
- En serio, -le insist�-. Prueba t�. B�jate las braguitas y
arr�mate, ver�s que gustito da.
Ella me mir� con cara de incredulidad. Pero hizo lo que yo le
hab�a dicho.
- Pues no siento nada -me dijo tras unos segundos-. Eres un
idiota.
Se ech� encima de m�, e intent� tirarme del pelo, Pero yo me
resist�, con lo que ella pas� una de sus piernecitas sobre mi cuerpo intentando
inmovilizarme, y repentinamente, se qued� muy quieta. Luego, se movi�
tentativamente, roz�ndome el muslo con su sexo.
- �Oye!, pues es cierto -musit� admirada-. Siento
cosquillitas en mi "chichi".
Y entonces ocurri� el desastre. Mi madre abri� por sorpresa
la puerta, y nos pill� de aquella guisa. Y lo que es peor, con mi peque�o pene
todo lo tieso que se puede tener a esa edad, asido por una de sus manitas.
Hasta mucho despu�s no alcanc� a comprender por qu� se enfad�
tanto, ni por qu� nos propin� una bofetada a cada uno, mientras nos llamaba de
todo.
Y nunca m�s volvi� a haber ba�os juntos. Y se acabaron las
siestas, y esa fue la �nica parte buena de aquello.
La voz de Sandra me sac� de mi enso�aci�n:
- Parece que esta noche vas a sacar a relucir los m�s
s�rdidos recuerdos de nuestra vida, �no?. Pues yo tambi�n tengo uno� Nunca te lo
cont�.
Aquella noche hab�a tenido la primera discusi�n seria con
Marcos. Yo no pod�a mirar a la cara a ning�n hombre, porque como �l lo
advirtiera, ya ten�amos la bronca: "que me pon�a en evidencia como una puta, que
s� quer�a mirar a alguien ya le ten�a a �l, que era lo suficientemente hombre"�
(�C�mo pude no darme cuenta?. �C�mo estuve tan ciega, y me
enfad� con Alex cuando me dijo que no era bueno, que yo no era la �nica, y que
aquel hombre me har�a sufrir?).
Bueno, lo cierto es que hice se�as a un taxi que pasaba a la
puerta de la disco, y a pesar de que Marcos trat� de imped�rmelo, me desas� de
�l, y entr� en el auto. Y aquello hizo que volviera a casa mucho antes de lo
acostumbrado.
Nada m�s abrir la puerta, o� la voz de Alex en un tono
desacostumbrado. No entend�a las palabras, sino que solo distingu�a como un
murmullo. Pens� que hablaba por tel�fono con Dulce, su medio novia por aquel
tiempo. Y yo ten�a que desahogarme con alguien, cont�rselo todo, a ver si de
aquel modo se me deshac�a el nudo que se me hab�a formado en el pecho. Total,
que me fui hacia su habitaci�n.
La puerta estaba entornada. Seguro que Alex no hab�a previsto
que yo volviera tan pronto, y nuestros padres hab�an ido al pueblo, a conocer a
una nueva sobrina, que acababa de nacer.
Me qued� en el mismo umbral, paralizada. Alex estaba
completamente desnudo, arrodillado ante Dulce, que mostraba de igual modo su
cuerpo poco m�s que adolescente sin ninguna ropa, tendido en la cama. Ella ten�a
los ojos cerrados y los labios entreabiertos, gimiendo tan bajo que yo no la
hab�a o�do hasta ese instante.
Y Alex acariciaba la piel femenina con una ternura� Rozaba
apenas con la punta de sus dedos las facciones de ella, descendiendo poco a
poco. Y sus labios musitaban como una letan�a que era preciosa, su amor hermoso,
que la quer�a con locura�
Las manos de Alex estaban ahora en el vientre de la chica,
que comenz� a debatirse, ansiando sin duda� Se detuvieron morosamente en la cara
interior de sus muslos, y la chica comenz� a elevar la pelvis en su direcci�n, y
sus peque�os quejidos eran ahora jadeos excitados. Ella abri� mucho las piernas,
entreg�ndole su sexo, sin duda ansiando tenerle dentro�
Mis manos hab�an ido sin querer a mis pechos, que me estaba
frotando insensiblemente, y la humedad escurr�a por mis muslos. Por fin, cuando
el dedo pulgar de Alex comenz� a frotar el cl�toris de la muchacha, sent� el
impulso de huir de all�, como si ello pudiera sustraerme a mis deseos. Porque
por un terrible instante, ansi� ser yo, y no Dulce, la que se encontrara en
aquel lecho, y que fuera mi sexo el que recibiera la ternura de las caricias de
mi hermano� Porque nunca nadie me hab�a tratado con tanta delicadeza y suavidad.
- �Vaya!, de modo que me pillaste con Dulce, �eh?. No sab�a
yo de esa faceta tuya de voyeur�
Sandra ten�a las manos sobre el rostro, ocultando sus
mejillas encendidas.
- Pues s�, ya ves. Pero que conste que pensaba que estabas
solo, y por eso me atrev� a entrar en tu habitaci�n. Pero me fui inmediatamente
a la m�a, sin querer ver nada m�s, que quede claro.
(No hab�a dicho exactamente la verdad, pero no dije nada).
Sandra mir� entonces su reloj de pulsera:
- �Sabes qu� hora es?. Pues son m�s de las doce, y ma�ana
tengo que madrugar.
Se puso en pie, y se dirigi� a la habitaci�n libre. Durante
unos minutos, se afan� retirando la funda, y tendiendo s�banas limpias.
Luego me bes� ligeramente en una mejilla, y me dej� solo,
tras cerrar cuidadosamente la puerta a su espalda.
Sandra hab�a elegido para sus d�as de descanso un hotel tan
tranquilo y silencioso como su propia casa. Aunque en aquella poblaci�n se
juntaban m�s de cincuenta mil personas en verano, el "mogoll�n" quedaba lejos, y
apenas se sent�an los ecos de las voces y la m�sica de las innumerables terrazas
abarrotadas de gente. Y ello, s�lo cuando la brisa ven�a desde la cercana
sierra, porque de otro modo, el silencio era absoluto, salvo por el suave
murmullo de las olas rompiendo en la cercana playa. Pero eso lo supimos despu�s.
Llegamos alrededor de las cinco de la tarde, despu�s de una parada en un �rea de
servicio de la autopista, donde hicimos una larga sobremesa despu�s del
almuerzo.
Sinceramente, no hab�a pensado en algo que resolvi� mi
hermana con absoluta tranquilidad, sin consultarme en ning�n momento: yo no
ten�a reserva, pero s�lo ca� en la cuenta de ello al llegar a la Recepci�n,
cuando entreg� su documento de identidad al hombre que atend�a el mostrador.
- Aqu� dice habitaci�n doble para uso sencillo -indic� el
empleado-. Supongo que sabe usted que para dos personas el precio es ligeramente
superior�
- S�, ya contaba con ello, no se preocupe -respondi� Sandra
sin dudar un instante-.
Luego, debi� creerse obligada a explic�rmelo, cuando el mozo
que acarre� las maletas nos dej� solos:
- Me ha parecido una estupidez pagar doble, pero es que
adem�s ser�a un verdadero milagro que tuvieran otra habitaci�n libre. Total,
somos hermanos, hay dos camas, y no es nada del otro mundo�
Yo no respond�, a pesar de que un estremecimiento recorri�
todo mi cuerpo.
Una hora despu�s, en la playa, tuve ocasi�n de admirar las
formas de Sandra, cubiertas solo con un escueto biquini. Recorr� con la vista
sus pechos erguidos, sus bien formados hombros, su vientre apenas redondeado,
sus sensuales caderas, sus muslos� Como una r�faga, pas� por mi mente el
recuerdo de aquella �nica vez en que hab�a visto su cuerpo completamente
desnudo, pero lo apart� r�pidamente. En otra ocasi�n y con otra mujer, me habr�a
hecho a m� mismo el firme prop�sito de hacerla m�a, pero se trataba de mi
hermana. Y aunque -record� con un nuevo cosquilleo en el bajo vientre- aquella
noche dormir�amos en la misma habitaci�n, su precioso cuerpo me estaba vedado.
Sandra parec�a relajada y feliz. Sonre�a de continuo, y
charlaba por los codos, sin duda desquit�ndose de los cuatro a�os de mutismo,
desde que se hab�a separado de Marcos.
Al salir de la playa camino del hotel, nuestras manos se
rozaron impremeditadamente. A�n me pregunto por qu� entrelac� mis dedos en los
suyos, pero a partir de aquel momento y durante el resto del d�a, cuando no
�bamos cogidos de la mano, ella iba tomada de mi brazo, o yo la abrazaba por la
cintura mientras camin�bamos. Ninguno de nosotros hizo el menor comentario sobre
ello, sino que a ambos nos pareci� de lo m�s natural.
Al llegar a la habitaci�n, nos empujamos como cr�os pugnando
por entrar al ba�o delante del otro. Evidentemente, permit� que ella se duchara
primero, pero durante unos instantes, nuestros cuerpos estuvieron varias veces
en contacto en nuestra fingida pelea, y me excit� sin poder evitarlo,
recrimin�ndome a m� mismo mi impropia reacci�n.
Despu�s, sentado en la cama, y mientras o�a correr el agua a
trav�s de la puerta cerrada, imagin� de nuevo su cuerpo recorrido por regueros
de l�quido, y mi excitaci�n creci� varios puntos. Abr� una cerveza que tom� del
mini-bar, y sal� a la terraza, intentando distraerme.
Su voz me llam� repentinamente desde el interior de la
habitaci�n. Estaba en pie, envuelta en una enorme toalla de ba�o, y con otra m�s
peque�a enrollada en su cabeza a modo de turbante:
- D�chate t� ahora, mientras yo me visto.
Mientras me enjabonaba someramente, quit�ndome de la piel los
restos de sal y arena, mi pene se manten�a casi horizontal, a pesar de mis
esfuerzos por evitarlo, intentando pensar en otras cosas. Finalmente, cerr�
completamente el agua caliente, y permit� que el l�quido fr�o recorriera mi
cuerpo, hasta calmar mi deseo y hacer disminuir mi erecci�n.
Volv� a la habitaci�n con el mismo "atuendo", esto es, toalla
enrollada a la cintura. Sandra estaba ya vestida, sentada en su cama,
abroch�ndose las sandalias. Ten�a subida la falda hasta bastante m�s arriba de
medio muslo, permiti�ndome contemplar una peque�a porci�n de la entrepierna de
sus braguitas de color rosa. Y el efecto del agua fr�a desapareci�
inmediatamente.
- Puedes vestirte sin cuidado, que me mantendr� de espaldas,
-grit� ella alegremente-.
Mi pene surgi� de bajo la toalla, de nuevo completamente
horizontal. Y el hecho de estar sin ropa detr�s de Sandra, que hablaba sobre un
restaurante que anunciaban en un folleto que hab�a tomado del hall del hotel,
incrementaba a�n m�s mi excitaci�n. Me volv� de espaldas a mi vez, hacia el
armario, intentando ya desesperadamente pensar en algo que no fuera la presencia
de Sandra a dos metros de mi cuerpo desnudo.
Finalmente, termin� de vestirme.
- Ya puedes volverte -le indiqu�, a�n de espaldas a ella-.
- Y, �c�mo sabes que no me he vuelto antes? -pregunt� con voz
de malicia-.
- All� t� -repliqu�-. El espect�culo no habr� sido demasiado
sugerente�
- Pues te conservas muy bien -Sandra me estaba recorriendo
con la vista de arriba abajo-. Si no fuera tu hermana, te "tirar�a los tejos".
Salimos riendo de la habitaci�n, de nuevo cogidos de la mano,
como dos novios.
Despu�s de la cena en el restaurante que ella hab�a escogido,
estuvimos paseando descalzos por la playa solitaria y a oscuras. Despu�s de unos
titubeos, Sandra me abri� su coraz�n, como hab�a hecho yo la noche en que me
present� inopinadamente en su casa. Supe entonces de los malos tratos de Marcos,
que la golpe� en varias ocasiones, solo porque ella se permiti� rebatir su
opini�n. De las noches de temor, esperando que �l no volviera de mal humor a las
tantas, porque entonces, saturado de alcohol, la insultaba y vejaba por
cualquier motivo, o sin �l.
- �C�mo pudiste aguantarlo? -pregunt� al fin, atray�ndola
contra m�-.
Sandra recost� su cabeza sobre mi hombro, mojando mi camisa
con las l�grimas que surg�an a raudales de sus ojos.
- Yo misma no lo s�. A la ma�ana siguiente me ped�a perd�n,
me dec�a que cambiar�a, me promet�a mil cosas� Durante unos d�as volv�a a casa
temprano y sin haber bebido, me colmaba de atenciones y regalos, y era todo como
al principio� Pero finalmente, tornaba siempre a las andadas. Y un buen d�a,
algo se rompi� dentro de m�. Despu�s de una de sus escenas nocturnas, mientras
roncaba como muerto en la cama despu�s de haberme� violado es la palabra, cog�
lo m�s imprescindible y me fui a un hotel. Y no he vuelto a verle, salvo una vez
para recoger el resto de mi ropa de su casa, y me hice acompa�ar por la polic�a.
- A�n entonces me rog�, se puso de rodillas y me suplic� que
regresara, pero mi decisi�n era firme. No pod�a volver a aquello, por nada.
Se apret� a�n m�s contra m�, y clav� en mis ojos su mirada
h�meda:
- �Sabes?. Creo que me ha hecho mucho bien cont�rselo a
alguien. Era como un veneno que me corro�a por dentro�
Y entonces la bes� ligeramente en los labios, y retornamos
abrazados y en silencio al hotel.
Cuando volv� al dormitorio, despu�s de una r�pida ducha,
Sandra -que hab�a utilizado de nuevo el cuarto de ba�o antes que yo- estaba
acostada, cubierta con una s�bana subida hasta algo m�s arriba de sus pechos,
que abultaban el tejido. No quise recrearme en los detalles de la silueta de su
cuerpo, para que mi media erecci�n no incrementara su tama�o. Ella apag� la luz,
y yo dej� caer la toalla que me cubr�a, me puse a tientas �nicamente el pantal�n
corto del pijama que hab�a dejado previamente sobre mi cama, y me acost� a mi
vez. La oscuridad era pr�cticamente absoluta, pero a pesar de ello, mientras me
cambiaba, de nuevo me excit� por la conciencia de mi desnudez, esta vez a�n m�s
cercana a Sandra, porque yo me encontraba entre las dos camas gemelas.
El sue�o se negaba a llegar. Tumbado boca arriba, con las
manos entrelazadas tras la nuca, era consciente de la respiraci�n de mi hermana,
de los peque�os sonidos del roce de su cuerpo con las s�banas, as� como de los
ligeros crujidos de la cama en cada ocasi�n que se mov�a.
Al principio, trat� de apartar de mi mente las turbadoras
im�genes mentales de su cuerpo tendido a menos de un metro del m�o. Unos minutos
despu�s de acostarme, mis ojos se hab�an hecho a la casi absoluta oscuridad, y
el liger�simo resplandor que consegu�a entrar en la habitaci�n, por encima de
las cortinas opacas completamente corridas, era suficiente ya para distinguir
los contornos del cuerpo de Sandra tumbada de costado, de frente a la cama que
yo ocupaba, por m�s que no pod�a percibir los detalles. Luego, sin duda alentado
por el leve perfume que me llegaba desde la otra cama, me dej� llevar. Imagin�
desnudo entre las s�banas aquel cuerpo que hab�a visto esa misma tarde con solo
dos m�nimas prendas cubriendo sus encantos. Imagin� mis manos recorriendo su
piel, del mismo modo que en mi escena con Dulce que ella hab�a evocado dos d�as
antes. Imagin� la gloriosa plenitud de sus senos, la oscuridad de su pubis entre
sus muslos entreabiertos�
Trat� de nuevo de alejar de m� aquellas sensuales im�genes.
Hab�a sido un error acompa�arla a aquel lugar, y otro a�n m�s grave compartir
con ella el dormitorio. Ma�ana mismo tratar�a de ver si quedaba otra habitaci�n
libre, porque no pod�a permitir ni por un d�a m�s que su cercan�a infundiera en
m� aquel deseo prohibido.
Y en aquel momento, sus dedos rozaron levemente mi rostro.
- T� tampoco puedes dormir�
Atrap� aquella mano entre las m�as, y pos� mis labios en su
mu�eca. Su pulso agitado palpit� levemente bajo mis labios durante un instante.
- S�, yo tambi�n estaba despierto -repliqu� en su mismo tono
bajo, casi �ntimo-.
- Estaba pensando� -comenz� ella-.
- Un euro por esos pensamientos -repliqu� yo, tratando de dar
a mis palabras un tono ligero-.
Pero mi voz son� entrecortada, embargado como estaba por la
emoci�n. Su mano estaba ahora abandonada en mi cuello, leve como una pluma. Y yo
sent� el irrefrenable deseo de tocar su piel; extend� uno de mis brazos, y la
punta de mis dedos roz� levemente sus labios. Su mano dej� mi rostro, para
entrelazar sus dedos en la que yo ten�a ahora posada sobre una de sus mejillas,
muy cerca de su boca, y que ella desliz� hasta que el dorso qued� apoyado un
poco m�s abajo de su cuello, en el inicio de su pecho. Y mi mano percibi� ahora
el latido acelerado de su coraz�n, no demasiado lejos del lugar donde su suave
piel estaba en contacto con la m�a.
- �Recuerdas que te cont� como sin querer os vi a Dulce y a
ti haciendo el amor? -pregunt� con voz ligeramente turbada-.
- S�. Eso fue el d�a que llegu� a tu casa.
- Me da mucha verg�enza cont�rtelo, pero no fui del todo
sincera contigo� No me retir� inmediatamente, como te dije, sino que me qued�
paralizada, sin poder apartar mis ojos de vuestros cuerpos, durante mucho, mucho
tiempo.
- �Mucho, mucho?. �Cu�nto, concretamente? -pregunt�-.
- Bueno, -la voz de Sandra sonaba azorada-. Este� bien, hasta
el final.
La boca de Alex sigui� ahora el camino que antes hab�an
recorrido sus dedos por la piel de Dulce. Se entretuvo mucho tiempo en sus
mejillas, su barbilla y su cuello, hasta llegar por fin a uno de los peque�os
senos de ar�olas muy oscuras, con los pezones inflamados en su centro. Tom� uno
de ellos entre sus labios, y se mantuvo sobre �l, sin duda lamiendo la dura
rugosidad, para luego dedicarse al otro de igual modo. Dulce ten�a las manos en
la nuca de mi hermano, y su cuerpo se debat�a de cintura abajo, completamente
entregada.
La lengua de Alex lam�a el peque�o hueco de su ombligo, y los
gemidos de la chica incrementaron su volumen. Cuando por fin lleg� a sus muslos,
de nuevo Dulce abri� las piernas, sin duda ansiosa de sentir la caricia sobre su
sexo inflamado de deseo.
Y por fin, la boca de Alex se detuvo sobre el cl�toris de la
muchacha, y sent� su orgasmo como si fuera mi cuerpo el que se estremec�a en
aquella cama, al impulso de las oleadas de placer que sin duda la recorr�an�
Las dos bocas se unieron nuevamente. Luego ella tom� a mi
hermano por las axilas, oblig�ndole a tenderse encima de su cuerpo. Alex, sin
duda tambi�n al mismo l�mite de su ansia, se ayud� con una mano para enfrentar
su pene a la vagina que le esperaba, �vida de sentirle en su interior. Y luego
sus caderas se contrajeron, muy poco a poco, y se qued� quieto abrazado al
sudoroso cuerpo femenino.
No hubo gestos de dolor, ni queja alguna cuando mi hermano la
penetr�, sin duda profundamente. Solo un gesto de expectaci�n en el rostro de la
muchacha, que le miraba amorosamente mientras �l tomaba posesi�n de su cuerpo.
Luego, Alex comenz� a moverse cadenciosamente sobre ella, muy despacio, mientras
segu�a depositando peque�os besos en su rostro.
Pocos minutos despu�s, era de nuevo Dulce la que
contorsionaba su cuerpo bajo el de mi hermano, y sus quejidos iban incrementando
progresivamente su volumen, hasta convertirse en chillidos excitados, que se
tornaron poco despu�s en lamentos r�tmicos, hasta terminar en un prolongado
grito, mientras se aferraba con brazos y piernas al cuerpo masculino que la
cubr�a.
Luego, ambos se relajaron sobre la cama, a�n enlazados,
jadeando audiblemente.
Hubo un silencio. La piel de Sandra bajo mis dedos parec�a
recorrida por peque�os escalofr�os. Sus dedos segu�an entrelazados entre los
m�os, y su mano temblaba.
- Bien, ya que estamos de confidencias� -comenc�-. Nunca te
hab�a dicho tampoco que s� advertimos tu presencia. Fue despu�s de que� bueno,
"despu�s". Dulce abri� los ojos por un instante, y se puso seria, con los ojos
muy abiertos. Me dijo que le hab�a parecido ver durante un momento una persona
observ�ndonos en el hueco de la puerta entreabierta. Yo le dije que era
imposible, que t� eras la �nica que podr�a haber llegado, pero que te habr�amos
o�do entrar.
- Tanto me insisti�, que finalmente me levant� y, desnudo
como estaba, sin tener conciencia de ello, me fui derecho a tu dormitorio.
- �Oh, no! -gimi� avergonzada Sandra-. �Llegaste a entrar en
mi habitaci�n?.
- Me qued� bajo el marco de la puerta.
- Entonces viste� -insinu� mi hermana, absolutamente
turbada-.
La �nica luz de su habitaci�n proced�a de la ventana, que
ten�a los visillos corridos, y por la que entraba la claridad del alumbrado
p�blico de la calle. La ropa de Sandra estaba desperdigada a los pies de la
cama, y ella yac�a tendida boca arriba, completamente desnuda, y con las piernas
muy abiertas.
Una mano intentaba ahogar los gemidos que pugnaban por salir
de su boca, aunque de cuando en cuando bajaba para masajear furiosamente sus
pechos. La otra mano se mov�a arriba y abajo fren�ticamente en su entrepierna.
Ten�a un n�mero indeterminado de dedos introducidos en su vagina, y se
contorsionaba en los primeros espasmos de lo que sin duda era un intenso cl�max,
gimiendo en tono audible.
Mi cordura me dec�a que deb�a irme de all�, pero algo me
manten�a inm�vil, sin poder apartar la vista del cuerpo desnudo de mi hermana.
En ese momento, sent� en mi espalda el roce de la piel de Dulce, que me hab�a
seguido sigilosamente, sal� de mi par�lisis y me retir� r�pidamente. Porque la
vista de la sensual masturbaci�n mi hermana me hab�a calentado hasta un extremo
que yo no habr�a cre�do posible solo unos momentos antes, reciente como estaba
mi coito con Dulce.
- �Qu� sentiste? -pregunt� Sandra muy bajito-.
(No hab�a caso de ocultarle nada, cuando tan a las claras
estaba que Sandra se hab�a excitado tremendamente al contemplarnos a Dulce y a
m� haciendo el amor�).
- Te voy a ser muy sincero -expliqu� lentamente-. De no haber
estado Dulce all�, creo que habr�a cometido una locura. Durante unos segundos,
sent� un impulso casi irresistible de tenderme sobre tu cuerpo, cubrirte de
caricias y penetrarte.
(�Fue la mano de Sandra la que condujo la m�a hasta que qued�
apoyada sobre uno de sus pezones incre�blemente erectos, bajo la s�bana, o fue
mi propia mano la que se desliz� hasta all�, sin que yo conscientemente lo
hubiera pretendido?. No lo s�, sinceramente).
Fue como cuando se produce una peque�a grieta en un embalse,
y el agua irrumpe por ella, y su presi�n termina derribando el dique, que lo
arrastra todo a su paso.
Acarici� lentamente aquella dureza con el dorso de mi mano
durante unos instantes. Y eso fue como abrir la grieta del muro, y el dique se
vino abajo estrepitosamente. No pens�, simplemente me dej� llevar por la intensa
emoci�n que sent�a. Mis dedos se deshicieron del abrazo de los otros dedos, y
pos� decididamente la palma de la mano sobre la turgencia de aquel seno
palpitante, que solo abandon� el dulce contacto los segundos precisos para
ayudar a despojarme de la peque�a prenda de dormir que era toda mi vestimenta.
Me arrodill� entre las dos camas gemelas, y pas� uno de mis
brazos por debajo del cuello de mi hermana, mientras la otra se introduc�a
nuevamente bajo la s�bana, para encontrar el cuerpo desnudo de Sandra, y
recorrer la totalidad de aquella piel que recibi� mi roce con su casi impalpable
vello erizado.
Mi boca busc� los otros labios entreabiertos, pos�ndose en
ellos con un beso con el que quise transmitir todo lo que sent�a en ese momento:
excitaci�n, s�, pero tambi�n una clase de amor que no hab�a conocido hasta ese
instante, o cuya existencia me hab�a negado a m� mismo. Y una ternura infinita.
No s� si sabr� explicarlo: era el deseo de un hombre que est�
a punto de poseer a una mujer por primera vez, pero era tambi�n el cari�o de
quienes han compartido durante muchos a�os vivencias, penas y alegr�as. Era amor
filial, que curiosamente no sent�a en conflicto con el otro amor carnal que me
impulsaba a recorrer la dulzura de su piel entregada a mis caricias. Y ten�a la
extra�a sensaci�n de recobrar algo� que nunca hab�a pose�do.
No s� cuanto tiempo estuve as�. En alg�n instante me levant�,
para tenderme de costado con mi cuerpo en contacto con el otro cuerpo, que
temblaba violentamente entre mis brazos. Ninguno de los dos hablaba, embargados
como est�bamos de una emoci�n sin l�mites. Y nuestros labios parec�an no poder
perder su uni�n, y las lenguas se enredaban en el fragante interior de su boca.
En un momento determinado, advert� que Sandra hab�a pasado
una pierna sobre las m�as, y su sexo humedec�a uno de mis muslos. Su mano baj�
entonces a tomar mi dureza entre sus dedos, en un remedo de aquella otra
ocasi�n, la primera en que nuestros cuerpos entonces infantiles estuvieron en
contacto, piel contra piel, sin el estorbo de ninguna ropa entre ambos.
Pero ya no �ramos ni�os. Y esta vez �ramos perfectamente
conscientes del deseo que nos embargaba a ambos. Estrechamente abrazados,
rodamos hasta que mi cuerpo qued� sobre el de Sandra, que cruz� las piernas en
torno a mis caderas, como si quisiera evitar que su hermosa desnudez perdiera el
contacto con la m�a.
Ninguno de nosotros necesit�bamos de preliminares, sino que
por el contrario, nuestros sexos sent�an el ansia infinita de encontrarse.
Sandra elev� ligeramente la pelvis, y mi pene se introdujo poco a poco en su
interior, sin ayuda alguna, como si no fuera la primera vez. Y as� me sent�a, a
pesar de que dos d�as antes, seguramente habr�a rechazado con horror la sola
idea de gozar del amor de mi hermana.
Nuestros cuerpos se movieron cadenciosamente, acoplados en el
ritmo perfecto de dos viejos amantes que conocen perfectamente los resortes del
placer del otro, a�n cuando nunca antes se hab�an encontrado en un acto de amor.
M�s all� del infinito placer que me ofrec�a el aterciopelado
abrazo de la vagina de Sandra, me embargaba un intenso sentimiento de amor,
tambi�n infinito. Y el mejor acicate para mi gozo, era percibir junto a mi o�do
los roncos jadeos de mi hermana, abandonada en los primeros estremecimientos de
su orgasmo, que finalmente explot� como un castillo de fuegos artificiales,
llev�ndonos a ambos m�s all� de cualquier l�mite, en otra dimensi�n en la que
solo contaban nuestros cuerpos fundidos, convulsos en la entrega sin reservas al
otro cuerpo, donde la satisfacci�n de nuestro deseo era solo un medio, no un fin
en s� mismo.
De nuevo, tiempo despu�s, hab�amos encontrado la misma
postura que en aquella otra ocasi�n en que iniciamos juntos la exploraci�n de
los misterios del sexo, a�n cuando en nuestra corta edad no tuvi�ramos
conciencia de ello. Yo recorr�a con la yema de mi dedo �ndice el nacimiento del
cabello de Sandra, en su frente. Ella a su vez, acariciaba dulcemente mi pene,
que hab�a perdido tiempo atr�s la dureza de mi entrega a su amor. Y yo sent�a
desesperadamente que deb�a contarle a�n algo, para que no quedara ya ning�n
secreto entre nosotros:
- �Sabes?. La noche de tu boda con Marcos no pude dormir.
Varias veces vino a mi mente la imagen de tu precioso cuerpo en los brazos de
aquel animal, pero me dec�a a m� mismo que solo era mi antipat�a hacia ese
hombre lo que me hac�a rechazar la idea de que estuviera tomando lo que era su
derecho como esposo. Ahora lo tengo muy claro: eran unos celos espantosos,
porque habr�a querido ser yo el que conociera la dicha de tener tu cuerpo, de
unirme a ti en unos esponsales que me estaban vedados�
Sandra sonri� con tristeza, posando un dedo sobre mis labios
para obligarme a callar:
- La noche de mi boda, despu�s de un r�pido coito sin placer
alguno, estuve en vela hasta el alba, y mi mente volv�a una y otra vez a la
imagen de tu cuerpo desnudo arrodillado frente a Dulce, haci�ndola conocer un
gozo que a m� no me era permitido. Y yo no me enga�� a mi misma como t� hiciste,
porque dese� intensamente en aquellos momentos, aunque solo hubiera sido por
unos minutos, aunque fuera lo �ltimo que hubiera conocido en mi vida, entregarme
a ti y experimentar el mismo amor que le ofreciste a ella.
Nuestros labios volvieron a unirse. Despu�s, nuestros cuerpos
exigieron de nuevo la satisfacci�n de nuestro renovado deseo. Tendida sobre m�
en esta ocasi�n, y otra vez estrechamente abrazados, Sandra y yo volvimos a
experimentar la gloria de dar y recibir el placer m�s completo que ninguno de
nosotros hab�a sentido.
M�s tarde, calmado que no saciado nuestro deseo, Sandra clav�
en m� sus ojos asustados y brillantes de l�grimas:
- Mi pobre Alex� �Qu� vamos a hacer ahora?...
En esta ocasi�n fui yo el que sell� sus labios con un beso:
- �Recuerdas aquella tarde en que te ayud� con tu lat�n?.
-re� ante la evocaci�n-. Nunca te gust�, �verdad?: "dum loquimur, fugerit
invida. Aetas: carpe diem, quam minimum credula postero" (1).
Sandra se apret� a�n m�s contra mi cuerpo, con una sonrisa
nost�lgica, antes de recitar a su vez:
- "Rumoresque senum severiorum, omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt. Nobis, cum semel occidit brevis lux, nox est
perpetua una dormienda" (2).
Ahora me toc� a m� sonre�r. Aparentemente, mis esfuerzos por
meter en su linda cabecita el odiado lat�n, finalmente hab�an servido de algo.
- Carpe diem, mi amor. Vive el momento, porque es nuestro,
nos pertenece, y nunca regresar� m�s. Ma�ana queda muy lejos.
- Solo importa una cosa -conclu�-. Que, pase lo que pase en
ese ma�ana tan lejano en el que ahora no quiero pensar, nunca, ��yeme!, nunca
m�s consentir� estar separado de ti�
(1) "Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo. Aprovecha
el d�a, y no conf�es lo m�s m�nimo en el ma�ana". (Horacio, Odas I, 11, 7-8).
(2) "Vivamos, querida Lesbia, y am�monos, y las habladur�as
de los viejos puritanos nos importen todas un bledo. Los soles pueden salir y
ponerse; nosotros, tan pronto acabe nuestra ef�mera luz, tendremos que dormir
una noche eterna". (Catulo 5, 1-6).
A.V. Abril de 2004.
Vuestros e-mails son el est�mulo que me impulsa a seguir
escribiendo. Si te ha gustado, por favor, d�melo:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO